Festivales

62 Festival de San Sebastián: Crónica I (Viernes 19 de septiembre)

posted by Jose Luis Muñoz 20 Septiembre, 2014 0 comments
La 62 edición del Festival de San Sebastián pisa fuerte

Washington San Sebastián 14

Hoy la estrella indiscutible era Denzel Washington. El actor afroamericano salido de la cantera de Spike Lee estaba para promocionar un thriller dirigido por Antoine Faqua, que ya lo dirigió en Training Day, y recibir el premio especial del festival. Al protagonista de Malcolm X, Huracán Carter y American gangster le van los tipos oscuros. En El protector, que muy pronto estará en las pantallas españolas y se presenta fuera de concurso, Denzel Washington es McCall, un tipo duro que tiene que enfrentarse a mafiosos rusos a su pesar.

Mommy - Xavier Dolan

En la muy destacable sección Perlas los críticos desplazados al festival—una plaga de todo sexo y condición y muy suficiente, lo confieso—hemos podido disfrutar de Mommy, del canadiense Xavier Dolan, un drama áspero acerca de una madre viuda de conducta no muy ejemplar que debe lidiar con su adolescente hijo aquejado de todo tipo de desarreglos psicoemocionales que lo convierten, muy a menudo, en un tipo sencillamente insoportable. Durante 134 minutos, que ya es tiempo, Dolan, que utiliza la pantalla cuadrada en los momentos de tensión, el 90 %, y la expande en los escasísimos de relajación, narra la odisea de esa madre coraje atípica extraordinariamente bien interpretada por Anne Dorval, y su relación amor odio hacia su conflictivo hijo al que se entrega en cuerpo y alma el jovencísimo actor Antoine-Olivier Pilon cuya interpretación hiela la sangre. Completa el trío protagonista una curiosa vecina, con problemas de habla, a la que da vida Suzanne Clement. Mommy, un brillante representante del cine francófono que se hace en Canadá, es a ratos ácida y descarnada, como Felices dieciséis de Ken Loach, y otros tierna y emotiva. Felizmente bien musicada, una de sus más largas y brillantes secuencias tiene lugar cuando esa madre desesperada, en el tiempo que tarde en virar un semáforo del rojo al verde, imagina la vida que su deficiente hijo nunca tendrá.

La isla mínima

Después de esa joya del cine canadiense, que la crítica ha recibido con un cerrado aplauso, era difícil dejarnos impresionar por algo similar en calidad. El encargado de hacerlo ha sido Alberto Rodríguez, el de Grupo 7, que se pone manos a la obra con un thriller asfixiante ambientado en las marismas andaluzas durante los albores de la democracia, cuando todavía no habían descolgado los retratos de Franco de las comisarías de policía. Un torturador franquista de la terrible BIPS (chapeau a Javier Gutiérrez, que cambia felizmente de registro) y un policía desencantado (Raúl Arévalo) investigan las muertes de unas niñas que han sido previamente violadas y torturadas. El mérito de Alberto Rodríguez no reside en haber tomado una línea argumental muy próxima a uno de los crímenes más horrendos que se hayan cometido en España, el de las niñas de Alcasser, sino su ubicación en ese paisaje yermo y llano de las marismas andaluzas surcadas por brazos de mar y sobrevolado por gaviotas y flamencos. Alberto Rodríguez conduce magistralmente este thriller—hay unas cuentas persecuciones por pistas polvorientas que en nada desmerecen a las made in Hollywood—que guarda alguna que otra coincidencia ambiental con la argentina Todos tenemos un plan. El director de Grupo 7 convierte el paisaje en un personaje más de su drama negro, acierta al enfrentar a esos dos policías tan disímiles y utiliza de manera magistral, hay que decirlo muy alto, los planos cenitales que convierten el escenario cinematográfico, ese dédalo de canales, cultivos y pistas, en un tapiz aéreo. La isla mínima, que compite en la sección oficial, es muy posible que se lleve algún premio.

Una perla que no lo es tanto es Difret. La película etíope dirigida por Zeresnay Bérhane Mehan tiene el plus de exotismo y el haber sido producida por Angeline Jolie para estar presente en el certamen donostierra. Un film bien intencionado pero elemental sobre la mala costumbre que tienen los etíopes del campo de secuestrar y violar a las que luego van a ser sus esposas. Cuando una de estas niñas, Hirut, se revela y mata a su secuestrador, una abogada feminista consigue oscilar la balanza de la justicia a su favor. Se hace larga, aunque no lo sea.

Blog Widget by LinkWithin


Leave a Comment