Festivales

62 Festival de San Sebastián: Crónica IX (Sábado 27 de septiembre)

posted by Jose Luis Muñoz 28 septiembre, 2014 0 comments
Una comedia social francesa, un ejercicio egocéntrico de Nick Cave y una película sin fin y… the end a la 62 edición

Empiezo la mañana con mal pie: me han robado el sillín de la bicicleta por la noche, frente al hotel. Con el precio del alquiler más el sillín que debo abonar podría haberme desplazado todos estos días en limusina, pero no habría disfrutado de la ciudad ni hecho un mínimo de ejercicio imprescindible para mis agarrotadas piernas que apenas sirven para andar después de tantas horas sentado en las salas de proyección. Lejos de atormentarme por el expolio, me digo que mejor que me lo hayan robado esta noche que no la primera. Y decía ayer, no sin razón, que los dibujos animados de El cuento de la princesa Kaguya me recordaban a Heidi; tenía que recordármelo, claro, puesto que su director Isao Takahata es el responsable de las series Heidi y Marco.

Samba

Seguimos con el cine francés, con una amplia presencia en el festival. El éxito comercial de Intocable hace que los directores Eric Toledano y Olivier Nakache repitan con su actor icónico, el francés de origen senegalés Omar Sy de fotogenia y simpatía arrolladoras, y que ya prepara su salto a Hollywood, con Samba. En esta comedia de corte social Samba es un sin papeles que malvive con su tío en una minúscula vivienda y trabaja de forma esporádica hasta que la policía le echa el guante e inicia su trámite de expulsión. Por el camino se encuentra con un amigo brasileño, Walter (Tahar Rahim), que en realidad es argelino pero yendo de carioca liga más, y Alice (Charlotte Gainsbourg), una chica depresiva, de baja en su trabajo, que aprovecha el impasse para trabajar en una ONG que ayuda a los sin papeles. Samba es una comedia amable, divertida a ratos gracias a la vis cómica del africano, con mucho feeling entre los protagonistas, diálogos chispeantes y que, sobre todo, permite recuperar la sonrisa a la torturada hija de Jane Birkin y Serge Gainsbourg tras pasar por Lars von Trier.

20.000 dias en la tierra

Nick Cave es músico, compositor y escritor, además de tener un ego superlativo. En 20.000 días en la Tierra, film británico entre el documental y la ficción dirigido por Iain Forsyth y Jane Pollard, el músico se psicoanaliza en un diván; nos explica lo que pensaba su padre de él; rememora un concierto de Nina Simone que le impactó porque de él extrajo la capacidad que tienen los artistas para transformarse en el escenario y porque al acabar de cantar pidió, por ese orden, o más bien exigió porque era una cantante de carácter, champán, cocaína y una salchicha; habla de las dificultades que tuvo Jerry Lee Lewis, The killer,  para subirse encima de su piano en uno de sus conciertos, y recoge, además, algunas de sus explosivas actuaciones y una breve aparición de Kyle Minogue que lo adula. Lo que daría para un mediometraje se alarga incomprensiblemente hasta los 97 minutos. Me quedo con la música de Nick Cave, pero prescindo de toda su verborrea.

Winter sleep

El Festival de San Sebastián ofrece en primicia, como última proyección, la película Sueño de invierno, ganadora de la Palma de Oro del Festival de cine de Cannes, obra de Nuri Bilge CeylanTres monos, Érase una vez Anatolia—basada en tres relatos de Antón Chejov. Mientras la veo me digo que el cine no es literatura, aunque se sirva de ella. Un libro sesudo que nos interese se puede cerrar para abrir luego más tarde cuando se tenga la cabeza despejada. Con una película, a menos que la veas en tu reproductor de DVD y pulses pausa, eso no sucede. El metraje de Sueño de invierno, algo más de tres horas, asusta. Y hay para asustarse. Con los 90 minutos tradicionales habría sido una película redonda. El director turco convierte en recurso narrativo la lentitud exasperante, y subrayo lo de exasperante. La película se estructura en torno a una serie de secuencias dialogadas que se alargan sin mesura. Los personajes hablan mucho, demasiado, y, además, lo hacen con lentitud, y cuando parece que van a abandonar la secuencia, vuelven a ella, se sientan, y siguen hablando, casi siempre de asuntos trascendentes. La paradoja es que es una buena película, que ninguna secuencia es fallida, aunque sobren minutos a mansalva en casi todas ellas. La llegada del invierno a un paraje de Anatolia exacerba las tensiones entre Aydin (Haluk Bilginer), el propietario de un pequeño hotel con encanto, un actor de teatro retirado que escribe artículos como hobby en un pequeño periódico local, su jovencísima esposa Nial (Melisa Sözen), que habita desde hace años un ala aislada del hotel sin el más mínimo roce con su marido e intenta dar sentido a su vida con obras de beneficencia, y Necla (Melisa Sözen), la hermana de Aydin, recién separada de su marido, que se siente ahogada en ese paisaje pétreo y no encuentra sentido a su vida en ese lugar tan apartado desde que dejó Estambul. Un incidente, cuando un chico arroja una piedra contra la ventanilla del auto de Aydin, sirve como excusa para poner un poco de tensión social en la historia. Hay un par de secuencias modélicas—una larguísima conversación entre los hermanos Necla y Aydin, que tiene lugar en el despacho de éste, en la que tanto el uno como la otra, tras hablar de moralidad, de la inutilidad de esos artículos de prensa que él publica y nadie lee, de la falta de religiosidad de él, se lanzan reproches  mutuos a costa del pasado y del presente; la quema de los billetes que Nihal, para tranquilizar su conciencia, ofrece a sus empobrecidos arrendatarios Suavi (Tarmer Levet) y su hermano Hamdi (Serhat Mustafá Killic) para que pueden pagar sus deudas—, pero estos aciertos quedan diluidos por otras secuencias desmesuradamente alargadas que nunca parecen tener fin.

Listo para sentencia. Y la sentencia llega con el veredicto del jurado en la ceremonia de clausura del festival que es breve y la conducen Jose Coronado y Edurne Ormazábal. Sorpresa con Magical girl de Carlos Vermut, que se hace con la Concha de Oro y con el premio al mejor director con su segunda película. A mí no me acabó de convencer, pero le reconozco originalidad. Ya saben que yo era de La isla mínima que se lleva mejor fotografía. El excelente protagonista de la película de Alberto Rodríguez, Javier Gutiérrez, muy alejado de sus papeles habituales, se lleva la Concha de Plata al mejor intérprete disipándose mi temor a que se lo llevara el endiosado John Malkowich. Vida salvaje de Cedric Kahn  se ha llevado el premio del jurado: es una película excelente que me gustó mucho, pero también era muy merecedora del galardón Edén de Mia Hansen-Love. El escritor de novela negra Dennis Lehane se hace con el premio de guión por La entrega, basada en uno de sus relatos, La venganza. Era otra de mis favoritas. El film que yo creía, equivocadamente, iba a seducir al jurado, El silencio del corazón, de Bille August, finalmente solo se ha llevado la Concha de Plata a la mejor interpretación para la actriz danesa Papikra Steen, una habitual del cine dogma. Negociador, una comedia muy floja de Borja Cobeaga sobre las conversaciones de paz ETA-gobierno, ha ganado el premio a la mejor película vasca mientras la estimable Loreak se ha ido de vacío. Wim Wenders consiguió el premio del público por La sal de la tierra, un documental correcto, aunque yo me habría decantado a ciegas por la extraordinaria Mommy de Xavier Dolan, una de las mejores películas vistas en el festival, y Relatos salvajes obtiene el del público a la mejor película europea, algo discutible ya que el divertidísimo film, salvo en la producción de El Deseo, es genuinamente argentino. La coreana Haemu no ha recibido ningún galardón, como tampoco la bellísima cinta japonesa Aguas tranquilas, lo que es injusto. En el premio a Nuevos Directores la búlgara Urok ha desplazado a la excelente Chrieg de Simon Jaquemet.

Y la 62 edición del Festival de San Sebastián llega a su fin, con sus pros y sus contras, con una selección en la que están prácticamente todos los géneros cinematográficos y buen número de países de los cinco continentes presentes con sus producciones. Cine comercial y cine de autor, películas, casi todas, que tienen algo que decir al espectador y espero vayan llegando a las pantallas de los cines en los próximos meses.

Marea baja en el Urumea. Dos operarios se llevan a hombros los números 6 y el 2 gigantescos de cartón piedra que estaban cerca del último puente; otros retiran todas las alfombras rojas que había en el hotel María Cristina, el teatro Victoria Eugenia y el Kursaal. Hay una espantada de los chicos de la prensa y las televisiones hacia la estación de tren, que parece un apeadero de pueblo, y el aeropuerto. Se baja el telón después de ocho días intensísimos de proyecciones. El que esto escribe se ha tragado 45 películas y algún día ha estado al borde de la indigestión. The End. Pero sigue el espectáculo.

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