Domingo de serie: Parenthood (Temporada 2)

Parenthood (basada en la película homónima de 1989) es una de esas series familiares que no empalagan, que no muestran que la vida es maravillosa y donde los happy endings son siempre agridulces. Nos lo demostró en la primera temporada, en su capítulo piloto en el que la aventura de esta familia ya auguraba ser realista.

Uno de los personajes que más me atraen de la serie es Max (Max Bulkholder), el hijo de Adam y Kristina (Monica Portter) que ya en el piloto descubrimos que sufre el síndrome de asperger, un tipo de autismo. Durante estas dos temporadas hemos conocido cuáles son sus características, pero además Max es un chico inquieto, al que le encanta memorizar datos y que tiene un cerebro privilegiado. A lo largo de la segunda temporada hemos podido comprobar como estas características no sirven para controlar los ataques que le produce la enfermedad. Pero Max no es sólo brillante a nivel de guión, resulta increíblemente asombroso como Max Bulkholder, con apenas 14 años ha construido el personaje de una manera tan veraz y creíble.

Un segundo motivo para ver la serie es la aparición de Lauren Graham (Gilmore Girls), Sarah Braverman y Peter Krause (A dos metros bajo tierra), Adam Braverman. Hermanos en la ficción (pareja en la vida real) y como buenos hermanos, se pelean, discuten y siempre tienen esa forma de reconciliación por la que a veces no hace falta pedir excusas. Sarah después de una primera temporada de aclimatarse a su nueva vida, en esta segunda tendrá que pensar qué es lo que quiere hacer con su vida y luchar por ello. Pasando por camarera, diseñadora en la empresa que subdirige su hermano Adam a acabar encontrando su vocación como autora teatral. A la vez seguirá luchando con los problemas creados por sus dos hijos Drew Holt (Miles Heizer) y Amber Holt (Mae Whitman). Por su parte Adam, a parte de lidiar con la enfermedad de Max, tendrá que acostumbrarse al cambio de niña a mujer que experimentará su hija mayor Haddie (Sarah Ramos). Por cierto, algunos de ellos, divertidísimos.

Peor le van las cosas al tercer hermano, Crosby Braverman (Dax Shepard) que se pasará la temporada en la encrucijada entre crecer y convertirse en adulto o seguir con una juventud alocada y sin madurar. A ello contribuirá Jabbar Trussell (Tryee Brown) su hijo y Jasmine Trussell (Joy Bryant), su pareja. ¿Dejará Crosby su casa-barco para llevar una vida convencional? Pues eso parece, aunque el camino será largo y duro.

Y la más tranquila, madura y relajada de los cuatro hermanos, Julia Braverman-Graham (Erika Christensen), con su marido Joel Graham (Sam Jaeger) y su hija Sydney Graham (Savannah Paige Rae) tendrá una temporada movida. Experimentará un cambio desde la primera temporada donde la veíamos como mujer alfa, muy centrada en su trabajo (es abogada), llegando a casa cuando su hija ya estaba dormida a pasar a ser todo lo contrario y además con unas ganas increíbles de volver a ser madre. Pero como siempre, la naturaleza no se lo pondrá nada fácil. Y menos cuando descubra las pocas posibilidades que tiene y para asumirlo le hagan ser partícipe de un parto, cosa que le provocará un incremento de fuerzas para seguir luchando para conseguirlo.

Y, por último, entre todo este enjambre de hermanos e hijos, los padres de la tribu, Camille Braverman (Bonnie Bedella) y Zeek Braverman (Craig T. Nelson), que superados los problemas entre ambos de la primera temporada, ahora se centran en calmar y ser los árbitros entre hijos y nietos.

Quizás Parenthood no sea de esas series que nos presentan una familia desestructurada y con problemas de otra galaxia. Aquí simplemente se refleja el día a día de una familia de lo más normal con sus alegrías, con sus penas y con sus problemas. Cada personaje tiene lo suyo, pero estoy segura que cualquier persona se puede identificar con uno o varios. La factura es alta, aunque siempre se puede aspirar a más y los guiones y tramas han mejorado con respecto a la primera temporada.

Ahora, esperaremos al 15 de mayo a que la NBC decida si concederle una tercera temporada. Hay buenos ánimos y voces positivas a este respecto, ya que aseguran que al actual presidente de NBC, Robert Greenblatt, es un gran seguidor de la serie. Eso sí con los números (audiencias) el futuro no parece tan esperanzador, porque aunque el episodio final logró congregar a más de seis millones de estadounidenses, durante la segunda temporada las audiencias se han movido entre los cuatro y los cinco millones, teniendo que competir con pesos pesados como The Good Wife, y últimamente El cuerpo del delito. Y como dice el estribillo de la canción de salida del último episodio: “Hard times come again no more”.

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