Domingo de serie: The Big Bang Theory (1a temporada)

Este servidor tenía una deuda contraída con Sheldon Cooper y sus alborotadores de neuronas. Y por fin hoy saldo mi deuda con este análisis de la primera temporada de The Bing Bang Theory.

La serie de Chuck Lorre y Bill Prady se ha erigido por derecho propio en una de las comedias televisas del momento, sumando seguidores a lo ancho del mundo, y cursando ahora mismo su tercera temporada.

La serie sigue la vida de dos nerds de espanto que son capaces de calcular la probabilidad científica más remota, pero que son incapaces de llevar a cabo relaciones personales con otros que no sean de su calaña, en especial con las mujeres.

De ahí que al principio de su primera temporada, los guionistas introduzcan el desencadenante que provoca que la serie explosione de humor: la entrada de Penny. Penny es una sexy rubia, situada en las antípodas de los dos cerebritos protagonistas, y que se acaba de mudar como vecina al piso que comparten Sheldon Cooper (el más anormal, o descomunal de los nerds) y Leonard Hofstader (“el más normal”). Esta llegada no sólo alterará la vida de estos dos personajes, sino también las de sus compañeros de fatigas Howard Wolowitz (un judío capaz de sacar las ecuaciones más imposibles con tal de acostarse con alguien), y Rajesh, (un hindú que enmudece ante la presencia femenina).

Ante este panorama jugoso, los guionistas logran encadenar 17 irresistibles capítulos de humor fresco, inteligente, y en ciertos momentos, desternillante. Las bazas son esta panda de freakazos de Start Trek, de las competis de Halo, del universo WOW, de los torneos de física, y de lo que uno se pueda imaginar al pensar en esos compañeros de clase que se sentaban en la primera fila. Los trazos más geniales surgen cuando se cruza este mundo onanista con la presencia femenina, encarnada por el personaje de Penny.

Uno de los personajes favoritos para la mayoría de los seguidores es el de Sheldon Cooper, ese erudito, repelente, y don perfecto físico, que para pasarte la sal, es capaz de enlazarte sin respirar los orígenes del mineral y las consecuencias que puede provocarte en tu sistema digestivo. Sin duda, sus enrevesadas, rebuscadas y enfermizas frases son uno de los mayores condimentos de esta serie. Llegando hasta el punto, que en algunas ocasiones, su verborrea cae en el exceso, pudiendo resultar pesada, y previsible, no en el discurso, sí en su intención.

Mucho más pausado, y controlado es el personaje de Leonard, el cerebrito atento, y honesto, que ansia conquistar a la vecina. Su dibujo busca atraer la empatía de los espectadores.

Pero si a un personaje debe guardarle pleitesía este servidor, ese es Wolowitz. Desde su físico inolvidable: naripión judío, flequillo beatle llevado sin gracia, jerséis de punto objetivo de las burlas más descaradas, pasando por sus inconmensurables aires de Casanova, hasta las salidas que se marca, casi siempre, para conquistar a las hembras (y con ello la de cavidades oculares que deja secas), lo convierten en el más gracioso del cuarteto. Y por último no debemos olvidar de Raj, que con un papel más secundario, da excelentes muestras de cómo romper la caja torácica hasta al más musculado (recuerdo el capítulo en que se somete a unas pruebas farmacológicas para perder la timidez social).

Quizás, uno de los pocos inconvenientes que se puedan encontrar a la serie, es que los personajes están tan marcados, que uno ya sabe por dónde le van a salir, Sin embargo, lo que podría ser una carencia, termina siendo una virtud por parte de los guionistas, ya que saben manjar con precisión las situaciones creadas, para hacer que la carcajada y la sonrisa no nos abandonen en los 27 (siempre escasos) minutos que componen cada capítulo.

En su primera temporada, los acontecimientos no avanzan de capítulo a capítulo. Cada uno tiene su trama interna, y son pocas las motivaciones de los personajes que evolucionan de capítulo a capítulo. Tan solo la trama de amor entre Penny y Leonard rompe con el esquema.

La primera Season de Big Bang Theory es una bomba chispeante de fino humor verbal y situacional, que en algunos capítulos del ecuador decae, pero que recobra toda su chispa en la batería final de capítulos.   

No es el producto cómico más envidiable de la televisión, pero sí uno de los que ha sabido crear más situaciones desternillantes con el mínimo de elementos, o sea, una de las sitcoms más divertidas que el espectador pueda consumir devorar en la actualidad.

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