Domingo de serie

Domingo de serie: Girls (Temporada 6)

posted by Omar Little 7 Mayo, 2017 1 Comment
Fin de trayecto vital

Girls hbo final season 6

Dejar atrás la condición de Peter Pan, desprenderse de las vestimentas envenenadas de la eterna adolescencia, requiere de un acto radical, un paso rotundo y definitivo que impida retroceder cuando a uno le convenga . Especialmente cuando uno vive en Brooklyn, atrapado en su loop de oferta, hedonismo, alivio inmediato,  y, en definitiva, una mezcla entre miedo e incompatibilidad real (la locura del alquiler) para abrazar la madurez. Centro neurálgico por el que hemos visto tropezar una y otra vez a las chicas de Girls. Especialmente desde el punto de vista de su protagonista, Hannah, quien, en la última curva, ha tenido que dar ese relevante paso al frente referido más arriba para evolucionar, madurar y saltar hacia un nuevo y aterrador escenario vital….el del compromiso.

En ese sentido, el final de Girls no admitía conjeturas, como tampoco decepciones. El circundar caótico, dramático, perdedor, e infinitamente divertido de las cuatro chicas obligaba a un giro drástico como el tomado por Hannah en su decisión por tener el hijo inesperado de una noche loca con ese monitor de surf (interpretado por Riz Ahmed) que se desentiende del muerto que le ha caído en el momento que recibe la llamada inesperada de esa madre prácticamente desconocida. Porque ahí radicaba otra de las claves de la serie, un punto de vista feminista llevado a sus máximas consecuencias, con una Hannah asustada, sobrepasada, e incluso disgustada, y finalmente (ese hermoso plano final) complaciente con su nuevo rol materno lejos del ruidoso y caótico Nueva York, pero también de su adictiva rueda, y de sus excitantes sorpresas aguardando a cada esquina. Esa decisión de abandonar la ciudad como paso lógico para cerrar esa etapa de la tardío adolescencia y mudarse a los Upstate entra dentro del compromiso realista, que pese a su comicidad, la serie siempre ha intentado preservar como reflejo identitario de la generación millenial, o como mínimo, como crónica de una parte acomodad de ésta viviendo aventuras y desventuras durante su crecimiento sentimental.

Otra de las señas que la serie ha mantenido hasta sus últimos compases ha sido ese tono agridulce. No hay un happy end absoluto ni para Hannah, ni para ninguna de sus amigas – distanciadas como otro signo de ese acercamiento a la edad adulta y sus obligaciones contractuales, bofetadas que cada una recibe en ese periplo por esa soledad generalizada, esa falta de abrigo emocional acentuado en cualquier gran ciudad. De hecho, quizá, el punto más amargo de su final, tiene lugar en el capítulo 8, cuando los aires de cuento de hadas que la mente de Lena Dunham ha dispuesto en pasajes de su serie cobra de nuevo protagonismo con la vuelta a escena de un Adam comprometido a cuidar de la criatura de Hannah, en definitiva de suplir el rol de ese padre ausente, pero que sin embargo, en la escena de ese mítico Dinner de Lorimer, ambos se dan cuenta de la imposibilidad de volver como pareja, especialmente una Hannah que suelta alguna lágrima cuando se le cruza algún pensamiento profundo en el momento en que Adam le sugiere casarse como un atajo para darle mayor confort a la criatura. Sin diálogo, con un cruce de miradas desolador, los dos parecen ser consciente de que su tren se largó.

La temporada ha vuelto a brillar en esos detalles sutiles, insertos en esas miradas apagadas, desatendidas de amor y con anhelo de ternura, sea por parte de familia, amigos o parejas. Lena Dunham es una gran narradora desde el subtexto y en clave reflexiva sobre todo lo que ocurre alrededor de Hannah, algo que sabe transmitir con precisión y atino a través de la mirada de su alter ego de la ficción.

No ha sido esta la temporada más redonda, se ha echado en falta por ejemplo la presencia de personajes como Adam, Jessa, Ray o Sosh, cuyas presencias en pantalla han sido suplidas por la creciente intervención de Elijah, el amigo gay cargante de Hannah que, por suerte, ha reducido su histrionismo. También quizá ha adolecido de capítulos brillantes de principio a fin, momentos hilarantes imborrables, o bofetadas dramáticas de alargado poso. Pero lo que sí ha cumplido con creces es el cierre a la altura a una serie criticada y trolleada por los que no han visto más de un capítulo, porque si en la serie hemos contemplado el crecimiento emocional de un grupo de cuatro amigas, en el plano real, hemos certificado la madurez como narradora de su artífice.

Girls ha sido un pedazo importante de nuestra educación sentimental televisiva, y con su marcha, la sensación es similar a la de Hannah: tener que despedirnos de algo tan dulce y divertido y afrontar la seriedad que supone una vida sin esas chicas cargantes, insoportables, pizpiretas e inestables perdidas en la inmensidad fría de la gran ciudad, pero que con cuya compañía hemos vivido momentos tan memorables.

marco 75

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