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Twin Peaks Season Finale: Episodio 3×17 y 3×18

posted by Omar Little 4 septiembre, 2017 8 Comments

Twin Peaks Retorno Final

A lo largo de mi vida como seriéfilo recuerdo con perfecta claridad cuatro hitos de voladura cerebral descontrolada: El final de The Wire, el final de Breaking Bad, el final de Mad Men y el final de la primera temporada de Lost. Latigazos catódicos arrastrados minutos, horas y semanas después de la bajada de la persiana y visibles por un estado de desamparo, una especie de levitación temporal. Las dos últimas horas de Twin Peaks experimentadas (el único verbo que tiene sentido) recobran esa intensa zozobra emocional. Conmocionado, desorientado, alterado, sacudido, y en caliente, muy caliente, intento expresar a continuación lo que ha supuesto el maremágnum de emociones dispares provocadas por el cierre de una de las ficciones más trascendentales de la televisión.

The Past Dictates the Future

Si algo se podía entrever es que Frost/Lynch no tirarían por lo esperado, por la llanura clara y despejada, por el camino recto. De hecho, la resolución del conflicto y meollo principal de la temporada, desembocado en la oficina del sheriff Truman, se ha resuelto en la primera media hora del capítulo 17.

El primero en llegar ahí ha sido el Cooper malo – quien previamente ha encontrado el acceso a la logia blanca, donde se ha topado con la cara enorme del sargento Briggs, antes de ser expulsado con un enigmático pin en la coleta, del cual, se nos escapa su significado. Ya en la oficina del sheriff, Andy, Lucy y el sheriff Truman lo han recibido con sorpresa y buen trato. Mientras tanto, en la prisión de los Marx las cosas se han agitado, cuando en un recurso muy deus ex-machina el poli malo se ha sacado una llave literalmente del zapato (¿por qué ha esperado tantas jornadas en ese manicomio?) para salir de la celda, ha cogido un revolver de una taquilla cercana y mientras encañonaba a un Andy que circulaba por ahí buscando a Hawk se ha comido la puerta de la celda del chico biónico que la ha abierto con su dotado brazo. En la oficina del sheriff la tensión ha subido cuando Lucy le ha pasado la llamada de Dale Cooper (dirigiéndose hacia ahí a toda leche en el jeep de los Mitchum) al sheriff, quien oliendo el percal ha desenfundando su revólver al mismo tiempo que lo hacía el Cooper malo, quien finalmente ha sido el ajusticiado gracias a la bala providencial de una Lucy que se ha anticipado a todos. Ya con los reclusos liberados por Andy en la ofcina, y el propio Dale Cooper irrumpiendo en escena, con los Mitchum y compañía, se ha asistido al intento de revivir el Cooper malote por los woodsmen, sin embargo, lo que ha terminado ocurriendo es la salida de una esfera de su cuerpo con la cara de Bob impresa en esta. Una bola que iba a por el Cooper bueno, hasta la aparición crucial del chico del brazo biónico, quien, y como ya anticipamos, tiene la misión de cargarse a Bob a través de la esfera que personifica el espíritu de este y que arremete varias veces contra el chico antes de que este la haga pedazos con un gancho Mayweather. Sin parpadear ante la sucesión de WTF!’s, Dale Cooper le pone el anillo verde a su doppelganger y este se ha transportado hasta la habitación roja. Con toda la tropa en la oficina del sheriff de Twin Peaks – tampoco Hawk y los agentes Albert, Gordon Cole y Tammy han querido perderse el estrafalario espectáculo – Cooper ha entrado en contacto con la mujer oriental que Andy rescata en el bosque, quien ha terminado convertida en Diane (creemos que la verdadera), quien se funde con un beso con el protagonista. Todo ello, representado bajo el fascinante y desconcertante estilo visual de Lynch, con constantes sobre exposiciones y efectos digitales algo desfasados. Por último Cooper le pide al sheriff la llave del Great Northern Hotel, la 315, aunque en realidad esa llave no abre una puerta sino un portal. Acompañado por sus más allegados, Diane y Cole, Cooper se despide antes de cruzar el umbral con un misterioso : “Nos vemos cuando se cierre el telón”.

Por suerte el telón no se cierra….sino que siguen los momentos más vibrantes y cargados de emoción de toda la temporada. Es cuando la serie da un salto al pasado a la fatídica noche del 23 de febrero de 1989, mediante una escena de Fuego. Camina conmigo en la que se observa a Laura y James liándose y discutiendo en las profundidades del bosque. Aunque lo mágico es presenciar allí al Dale Cooper del futuro (estilo Marty McFly), observando la escena en silencio y cabizbajo, escondido detrás de unos matorrales. La conexión entre los dos universos, entre el futuro y pasado  (como repetirá más tarde el manco a Cooper), entre la nueva y la antigua serie se ha producido. Luego ha venido la discusión con James, y la marcha repentina de Laura en medio del bosque para ir al encuentro de Jacques Renault, Leo Johnson y ¿Ronette Pulaski? Sin embargo, antes llega a su encuentro el agente Cooper, con la intención de salvarla de ese destino que el mundo conoce. Ella al principio se extraña, le pregunta quién es, y seguidamente le dice:  “te conozco de un sueño”. Es entonces cuando decide seguirlo, Cooper le da la mano y promete llevarla a casa. Andan juntos por el bosque, hasta que un sonido repentino seguido por el grito desgarrador de Laura Palmer le alertan de su desaparición. Con un increíble encadenado, el bosque se transforma en el Roadhouse, donde el golpe recibido por el estremecedor chillido de Laura tras desengancharse de Cooper y perderse en dimensiones paralelas se multiplica con la entrada de la Julee Cruise de 2017, haciendo mella severa en los lagrimales. Con la ayuda de Chromatics, y la potente voz de la cantante (alguien me explica por qué no es una estrella mundial) se da forma a un momento de emoción desatada, de pura magia tan solo rota por la salida y avance de los títulos de crédito.

What’s Your Name?

Sin tiempo para recomponerse, arranca la hora más imprevisible, inexplicable y alucinada de la carrera de David Lynch, con la excepción de Inland Empire, el culmen de su universo sin ataduras ni controles de ningún tipo. No sé cómo arranca el capítulo, ni cómo sigue, ni especialmente, cómo termina. En lugar de cerrar puertas, Lynch las abre de par en par, se adentra en nuevas dimensiones, pone en aprietos la inteligibilidad de todo y sale airoso con una carga de emociones variadas y de máxima intensidad. La última hora de Twin Peaks ha abierto las compuertas de las teorías y los debates. Una hora mágica guardada en el intelecto para construir y reconstruir con esa voluntad, probablemente nunca satisfecha, de hallar las respuestas ante el semillero de incógnitas plantada.

Y puede que lo más inesperado de todo, es la desviación tomada en esta misma. Con la trama principal del retorno finiquitada prácticamente en el primer tercio, la serie se decanta hacia lo onírico, lo inexplicable, lo extraordinario, el surrealismo, dimensiones y portales hacia estados no reconocibles de la mente ni la realidad. Un tour de force (para el que observa al otro lado) de consecuencias sin medición. Así pues, tras cerrar la única subtrama de la temporada, enviándo el tulpa – creado por el manco gracias a la reacción de la bolita de drac y el pelo del original – de Cooper a la familia huérfana de Dougie,  y ver al Cooper malo en llamas en las habitación roja, asistimos al círculo lynchiano, característica relevante a lo largo de su recorrido artístico, especialmente remarcable en Carretera perdida. La serie vuelve a empezar, el blanco y negro da paso al color, y para alucines varios, Pete Martell sale a pescar la famosa mañana, y el cuerpo de Laura Palmer no está a las orillas del lago, la conexión entre el Cooper del futuro y el pasado nostálgico de la serie ha dado sus frutos – pese a separarse en el bosque, ¿la habrá salvado de su asesinato? -. Otro apunte interesante en la constatación de la dinámica circular es la presencia en pantalla de Josie Packard, emitiendo unos sonidos que me han recordados a los de la mujer oriental salida de la logia y encerrada en la cárcel – aunque esta, en principio, es Diane. Aunque la mujer más importante y repetida parece ser la tal Judy, mencionada por Gordon Cole al principio del episodio 17 para explicar las misteriosas desapariciones de todos los agentes del FBI, y más tarde, con el encuentro entre Jeffries y Cooper bueno, con la mediación del manco. 

De vuelta a la habitación roja, Cooper ha recibido la instrucción por parte de Leland Palmer de buscar a Laura, y así ha hecho tras salir de la habitación y volver a la dimensión ¿real?, donde se encuentra, de primeras, con Diane. Los dos circulan en coche por un desierto, y después de cierta dudas, especialmente en Diane, se dan un último beso, antes de pasar por un enorme poste de electricidad que los transporta a otro escenario, otra dimensión, (¿otro estadio dentro de la gran ensoñación vivida en la season finale?). En ese nuevo escenario nocturno se detienen en un motel de carretera, en el que tiene lugar la secuencia más escalofriante del 2017, y una de las más aterradoras en la carrera de Lynch. Después de ver a Dale Cooper entrar en recepción bajo el punto de vista de Diane, está depara en otra Diane que aparece detrás de una columna cerca de la puerta, y tal cual aparece, se esconde de nuevo (piel de gallina al escribir estas líneas). Finalmente Cooper regresa a plano y abre la puerta número 7 de ese motel. Ahí entra tambièn Diane y llevan a cabo el coito más perturbador que se ha visto en la historia de cualquier arte. Una dilatada escena de sexo, con un comportamiento extraño de ambos, acentuado por el tema “My prayer” de The Platters, entrecortado, manipulado, como violado por efectos de sonido de altísimo mal rollo. Una compañía turbia y malsana  que se confirma a la mañana siguiente cuando Cooper despierta solo y encuentra una misteriosa nota que no viene firmada por Diane, sino por Linda, y se refiere a él bajo otro nombre, el de Richard (los famosos Linda & Richard). El contenido aclara que la marcha se debe a que lo suyo ha terminado, que ya no lo logra reconocer. Un Cooper (también posible Richard) alucinado (y despechado) abandona la habitación, y resulta que no es la misma habitación del motel que habíamos visto la noche anterior, sino otro motel e incluso el coche es distinto (Manuel Bartual deal with it).

Ya en solitario Cooper conduce por la población de Odessa (en el estado de Texas) hasta que da con un dinner llamado Judy, la señal es evidente, así que aparca y entra. Una sola camarera sirve todas las mesas, y después de defender a esta de unos cowboys pueblerinos que la manoseaban -entrando en pelea – consigue la dirección de la otra camarera. Ahí se planta, donde le abre la puerta una mujer parecida…. a Laura Palmer pero que sin embargo niega ser ella, ni conocer a ningún pariente de esta. Su nombre Carrie Page. De hecho, en la única intervención cómica del final, Cooper dice que la llevará hasta Twin Peaks, Washington, a lo que ella acepta debido a un marronazo que le pisa los talones – ¿quizá tenga que ver ese cadáver en el interior de su casucha?, quizá (sic) – y le responde: “¿D.C.?”. Y Cooper aclara, “no, Washington state, en el norte del país”. Luego sigue un largo viaje por carreteras oscuras, las carreteras perdidas que parecen simbolizar la mente del telespectador en ese momento, y que buscan aún más confusión con una falsa alarma de un coche que parece que los sigue. Finalmente (ya se me ha vuelto a erizar el vello), la pareja reencontrada llega a Twin Peaks, y aparcan delante de la casa de los Palmer. Ella sigue sin comprender ni identificar nada. Tras llamar a la puerta dos veces, les abre una mujer desconocida, no hay rastro de Sarah Palmer, los inquilinos son otros. Desconcertado, Cooper les pregunta por los antiguos propietarios, tampoco se apellidan Palmer. Completamente descolocado, da las buenas noches y se perdona por las horas de la visita. a su lado, la doble de Laura no abre la boca. Cooper se aleja de la casa pensativo, contrariado, ofuscado en lo inexplicable, con él las pasa putas el espectador. Finalmente Cooper le pregunta a Laura: ¿en qué año estamos?, está, en lugar de responder, vuelve a mirar a la casa, y oye, en la lejanía: “¡Laura!” , cosa que responde con el estremecedor grito característico de Laura Palmer que termina fundiendo los plomos de la casa y dando paso al negro más angustiante de todos…el del fin de la mejor serie de todos los tiempos.

Sin epílogo, sin mayor aclaración en los títulos de crédito que ese fotograma congelado de Laura Palmer susurrando al oído de Cooper el nombre de su asesino dentro de ese sueño que tuvieron en el marco de la habitación roja, y que pone al descubierto la única pista sólida para entender algo de lo que acababa de pasar: “Cuando me vuelvas a ver, no seré yo”, le decía Laura a Cooper hace 25 tacos.

Las antorchas empiezan a salir alrededor de la morada de los Lynch, así como pétalos y cartas de amor y admiración. Las teorías de encaje rubik empiezan a soltarse y reproducirse, los enigmas en lugar de reducirse se multiplican. La serie da un inesperado trompo final que ni el más avispado hubiera podido imaginar. Un alucinante quiebro que encumbra a su creador como lo que es, un genio, y que pide, reza, una continuación, un epílogo, ni que sea, un película puente. No es el tener claro lo que ha ocurrido, es el conocer que Twin Peaks se ha terminado,  y que seguramente, finaliza la carrera audiovisual de uno de los mejores creadores de nuestro tiempo.

Me quedo sin más palabras (influye también que sean  las 7 de la mañana). Experimentar esta dos horas formidables de ficción ha supuesto dinamitar de nuevo todo rastro de convencionalidad. Ha sido recorrer lo inesperado, y muchas veces, inexplicable, con el ceño y la cara fruncida como Gordon Cole escuchando el retrato de Diane en el capítulo 16. Gracias eternas, Sr. Lynch.

#Además de teorías y explicaciones irresolubles quedan un montón de preguntas e incógnitas sin cerrar que habría que señalar en próximas horas, por si se nos ha pasado alguna ante tanto input sin control. 

Actualización: Nueva entrada con preguntas sin resolver

Análisis Twin Peaks: El retorno

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8 Comments

Israel 6 septiembre, 2017 at 00:17

Siento no ser capaz de aportar luz al final, sigo en un profundo túnel.
La serie, y Lynch en general, juega mucho con la idea de sueño y realidad, ficción realidad, y en Twin Peaks utiliza además el tiempo y el espacio, el pasado presente y el futuro, con la dualidadesdel bien y el mal, generando así una ambigüedad perturbadora e incomprensible (Inception es una peli de Disney en comparación), es a lo que juega en Lost Highway, en Mullholand Drive, y en Inland Empire, que aunque imposible, uno sabe que juega con todos esos elementos y los distribuye a su antojo, no te dice que es cada cosa, te deja en el desorden que realmente se genera.
Las posibilidades de los viajes en el tiempo son dos: todo está escrito y no se puede cambiar (12 monos), y el pasado puede alterar el futuro, (McFly), que esta parece ser a lo que juega Lynch, ha alterado el pasado, sin embargo no parece poder impedir que Laura se salve, quizá el destino de Laura sea la muerte, quizá sea una mártir que debe sacrificarse por un objetivo mayor.
Cooper ha alterado el tiempo pero no ha salvado a Laura, quién quizá ya no existió en ese nuevo plano temporal, con lo cual se produce esa contrariedad en la unificación de las dos ideas en principio antagónicas, la historía cambia para que todo siga igual.

Fuera de Twin Peaks, no sé si habrás visto Evangelion, el anime, te lo digo porque la serie tiene otro finalito de órdago.
Un saludo y voy a dormir y a digerir lo que he visto, a ver si se me aparece a mi también Mónica Belluci jajaja.

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Omar Little 7 septiembre, 2017 at 16:14

Hola Israel. No, no he visto Evangelion. Habrá que verla por lo que veo. El final de Twin Peaks es tan brillante, aterrador y angustiante por lo que cuentas; además de desvelar una dimensión que, para muchos, había permanecido invisible, indaga en la idea de un Cooper atrapado en un loop sin resolución, en su intento sin suerte de vencer un mal invencible, porque así funciona el mundo, como un equilibrio de fuerzas. Y Laura es la otra condenada trágica en esa dinámica de fuerzas. Sublime

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Margarita Echavarría 6 septiembre, 2017 at 01:57

Con relación al final se logró arrojar luz sobre muchos temas y se dejó en la oscuridad más profunda otros tantos. El capítulo se desarrollaba de una forma lineal hasta que Evil Cooper llega por fin a las coordenadas tan buscadas, allí entra atrapado, lo que quizá pueda significar que entra en la logia blanca en donde el no tiene poder, allí está el gigante, la cabeza del Mayor Briggs y el agente Phillip Jeffries convertido en una especie de campana, de inmediato es trasladado a la comisaría de Twin Peaks, es aquí donde comienzan las escenas extrañas como que la mujer ciega Naido comience a sentirse inquieta al captar que el mal está cerca y la reacción del preso aparentemente borracho con su cara desfigurada imitando los chillidos de la mujer. Cuando Lucy dispara a Evil Cooper, Andy les dice a todos que deben acompañarlo arriba, pero ¿por qué no se lleva al ebrio también? la presencia de los hermanos Mitchum es tan innecesaria que resulta incómoda, la extraña calma del Sheriff Truman es desconcertante y el cambio de Naido por Diane es de verdad sin sentido, pero nada en esta serie tiene sentido, pero aún así Lynch siempre tenía una razón para todo, algo que enlaza con algo más que finalmente hallaba su sentido. Es una lástima que por perder tanto tiempo en personajes que poco aportaban a la trama como el Dr. Jacoby, que fue útil en su momento pero que ahora con la historia de las palas dilapidó tiempo valioso de la serie. Otro caso es el Bejamin Horne, uno de los personajes más divertidos y claves de las anteriores temporadas, alrededor del cual giraba gran parte de la trama, en esta temporada fue otro personaje innecesario al que se le debió solo dedicar una escena cuando recibió las llaves de la habitación, nada más.
Se lamenta que poco o nada se le dedicara a una actriz y a un personaje tan enigmático y sugerente como Sara, la madre de Laura, quizá la caja de pandora de toda la serie, fue el personaje que más nos sorprendió y las escenas en las que participó eran exquisitamente oscuras y tenebrosas, que nos dejaban con ganas de saber más y más. Sin duda un personaje desaprovechado y subvalorado.
Otros personajes de los que nos habría gustado saber más fueron Audrey Horne, Becky y su esposo drogadicto, el novio de Shelley Jhonson y Phillip Jefries, pero bueno, a Lynch le pareció más interesante perder todo un capítulo en unos matones de las vegas y sus tres muñecas drogadas vestidas de rosa.

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Omar Little 7 septiembre, 2017 at 16:20

Sí, sin duda hay una galería de personajes demasiado entrañable y carismática a la que destinar minutaje. Lynch optó por añadir nuevos personajes, algo necesario al ampliar universos físicos (o paralelos) en la tercera temporada. Sin llegar al recorrido emocional de los de la original, hay varios de esta temporada destacables. De todas formas no estoy de acuerdo en que nada tenga sentido, si te detienes en cada detalle y pista todo cobra un sentido abrumador, Lynch construye sus universos con minucioso detallismo y bajo una lógica, pese al aparente caos, como un verdadero mago. Muy interesante el detalle que aportas sobre el borracho loco de la celda, ¿el tal Andy?, ¿por qué no sube a la oficina del sheriff con los otros?

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Marky33 6 septiembre, 2017 at 13:55

No creo que sea un sueño lo que quiere decir Mr. Lynch, demasiado previsible, no… Aunque Lynch va un poco de bajon en el último episodio – no me consigue sorprender su final a lo Thriller de M.Jackson, lo cual es grave en un maestro del giro y regiro -, creo que si hay un dardo lanzado por el director es la imposibilidad de escapar del mal. Cooper y Cia pueden con Bob, però el intento de acabar con el mal puro (Es Judy, el mal puro, Laura Palmer?) no puede ser acometido nunca, ni intentando arrastrar a Laura a la habitación roja, ni intentando aconseguir que Laura retome el redil con su madre loca. Al final el mal, siempre presente, esos gritos, esa oscuridad final… Al menos eso creo yo. No està mal, però me esperava más…

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Omar Little 7 septiembre, 2017 at 16:24

A mí me pareció sublime, es un final alucinante y demoledor. Es como apuntas, la constatación de un mal inevitable, la imposibilidad de derrocar el mal, se presente de la forma que se presente, ya sea como fantasmas del pasado, o una nueva entidad en un futuro incierto, este siempre acechando, y con Cooper atrapado en su intento de ser el ángel de la guarda de Laura Palmer. Por eso fue tan crucial el 3×08. No creo que sea un sueño, más bien una realidad paralela.

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Luis 7 septiembre, 2017 at 13:56

Creo que lo que nos jodió a todos fue la forma abrupta en la que la serie se cerró en su momento y lo ha resuelto satisfactoriamente, dandole a Cooper una dimensión que jamás alcanzados a imaginar. La de un paladín del bien cuyo conocimiento de la maldad trasciende el tiempo, el espacio y los múltiples universos. Satisfecho con lo que he visto y desencantado porque ya no voy a ver más.

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Omar Little 7 septiembre, 2017 at 16:25

Hola Luis,

Sin duda ese fundido a negro fue una patada dolorosa en la nuez. No solo por despedir Twin Peaks, sino, quién sabe, si la obra de un grande de nuestro tiempo

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